Vivir con el karma ajeno

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Busqué el significado de la palabra “karma” antes de poder escribir esto. Y tal como lo creía  no es precisamente el significado que se le da. En resumen, el karma es el resultado o consecuencia de tus acciones, lo que el universo recibe algún día se te devolverá. Karma entonces es como una energía invisible, producto de tus acciones, de tu buen o mal vivir. Entiendo entonces que el “karma” que conocemos como un castigo, como una carga difícil de llevar, no es tal, sino más que nada la consecuencia de nuestras acciones.

Vivir al karma ajeno para mi es padecer los males y penurias del otro, es como que el mal de otro “por arrastre” te alcance, es la afectación propia por problemas ajenos. Para que el karma de otro te afecte, tiene que haber, necesariamente, un componente afectivo importante, tal vez un lazo sanguíneo. Insisto en que un problema psicológico irradia mucha energía dispar, genera sentimientos de compresión y compasión, sentimientos de odio y rabia. Tal vez canalizar esta energía otorgaría una luz para alumbrar el oscuro camino del karma, el punto es hacer que la persona tenga que discernir en su trastocada mente cual de estas herramientas le sirve o no.

Como no hacerse cargo del karma ajeno? Como hacer para que no te afecten los problemas que no son tuyos?

 

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De no tener ganas de salir adelante

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No tener ganas de nada. Todo te aburre. Pensar en morirte. ¡Maldita depresión!

Cuando sufres un dolor físico, tu entorno (familia, amigos) dice: “que te recuperes“, frase cliché encuentro yo, ya que el dolor no lo sientes tú, es la otra persona que lo padece, y tu apreciación de si le duele tanto o no, se basa en su apariencia; la depresión en cambio, es una enfermedad contagiosa, se propaga a tu entorno, y si el enfermo anda mal, tu entorno anda mal, de mil formas, pero anda mal. no es una enfermedad unitaria, es una enfermedad social, familiar, pero el enfermo es uno solo.

Trato de pensar en no encontrarle un sentido a la vida, y no lo encuentro, ¡siempre hay algo por lo cual vivir! Me cuesta pensar que alguien en algún momento agote sus pretensiones de vivir, pero al fin y al cabo, es una realidad de muchas personas; no tienen ganas de vivir.

Muchas veces dicen “tienes que poner de tu parte“, pero, si no tienes ganas, ¿cómo iniciar? ¿cómo motivarse? ¿será la edad, la situación económica, la soledad, otra enfermedad concomitante, invalidante la causa del desgano? El freno de la desmotivación, por “x” causa, es fuerte, y sumemos a eso la combinación de síntomas, engendra cuadros depresivos severos, mas no imposibles de sanar. ¿Cómo mostrarle a alguien depresivo la puerta de la motivación? He ahí el desafío personal del enfermo, de quién lo acompaña, de su familia. Claramente no se sale solo de esto, pero creo firmemente que si te ayudan a salir del pozo completamente, fáclmente puedes volver a caer, sin embargo, si tu ayudas a que te saquen, es un buen cimiento para no volver a caer. Yo creo en la autonomía, en la autosuficiencia como base para salir de la depresión. La farmacología ayuda, pero es lenta, muy lenta. Entretanto, se debe procurar asistir a quién padece depresión, pero no haciéndole todo, es necesario que haga algunas cosas por sí mismo, que no pierda las formas y costumbres de hacer cosas. La idea es lograr la remisión de la enfermedad más que esperar la respuesta de un tratamiento. Fármacos + psicoterapia + ayuda familiar son efectivos. Así lo creo.

A veces los depresivos pierden la noción del tiempo y el espacio. A veces hay que recalcarles una idea más de una vez. A veces tienen momentos de lucidez y opinan de contingencia  como si estuvieran sanos. A veces les duele todo. A veces tienen ganas de quedarse acostados. A veces tienen crisis de angustia, pánico. Y a veces a sus entorno le aburre que tenga todos esos “a veces”. Ante eso, sólo una palabra: “paciencia”. Más que una virtud; un concepto, un sentimiento, una esperanza, un tratamiento.